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domingo, 18 de noviembre de 2007

Desengaño y decepción...

Desengaño y decepción... Muchas veces estas dos palabras van cogidas de la mano. Muchas veces descubrimos que algo o alguien no era tan maravilloso como pensábamos, y al descubrir la verdad nos da un vuelco el corazón y sentimos como se parte en dos ante las nuevas noticias. Ahí van juntas. Una lleva a la otra, y no seremos capaces de olvidarnos, al menos no de momento. Estará ahí ese pensamiento, dando vueltas alrededor de nuestra cabeza, día y noche, hasta que un día lleguemos a la conclusión de que no vale la pena... y olvidaremos, pero no perdonaremos.

Desengaño... Duele creer firmemente en algo, estar convencido de que, aunque ya no importe, algo es o fue de la manera que creíamos, y cuando menos te lo esperas... todo es mentira. La vida que habíamos construido alrededor de esas verdades que creíamos ciertas no va a volver a ser igual. Nuestro caracter se ha forjado con el paso de los años por las experiencias que hemos tenido, las creencias que nos han enseñado, las personas que han pasado por nuestra vida, los momentos compartidos con estas personas... Cada segundo de esta vida cuenta y nos va a enseñar a ser personas. Un desengaño acaba con todo eso. Un desengaño nos hace replantearnos prácticamente nuestra vida completa. ¿Valió la pena? ¿Fue lo correcto? ¿Cómo me ha afectado? Toca volver a empezar con estas nuevas verdades como base, pero no seremos capaces de empezar desde el auténtico principio. Será un principio en el que no seremos una caja vacía que va a ir llenándose con experiencias y sensaciones nuevas, sino una caja llena de experiencias y sensaciones antiguas que, en el momento en que llegue alguna que choque o no sea compatible con lo que ya hay dentro de la caja, nos va a tocar decidir si quedarnos con la nueva y desechar la antigua, o quedarnos con lo que ya tenemos y pensar que no nos hace falta una nueva. ¿Para qué? ¿Para volver a desengañarme pronto?

Decepción... Pena... Nunca llegamos a pensar que se nos podría tratar como se ha hecho. O quizás sí, lo pensábamos, pero no creíamos a ciertas personas tan poco sensibles como para no respetar lo que nos importa, como para no hacer caso de una petición, que en realidad era más bien una advertencia lanzada de manera sutil. Nos utilizan, juegan con nuestros sentimientos como nunca antes habían hecho, o creemos que no han hecho, porque después de una decepción vienen los pensamientos, las dudas, las preguntas... ¿Es la primera vez? ¿Qué más has hecho y no me has contado?

Ayer me llevé un dos desengaños y una decepción. Hubieran sido tres desengaños y una decepción, pero por suerte para mí esta vez estaba preparado. Son muchos años y ya, aunque había preguntado y se me había dicho que no... uno se guia por las experiencias anteriores con la persona... y no me equivoqué.

El primer desengaño del día me lo llevé a media tarde... por parte de mi actual amor. Bueno, no es que seamos pareja ni nada por el estilo, porque la relación que un día empezó, otro día llegó a su final. No fue por mi parte, ya que de este lado el amor sigue intacto, puede incluso que más grande que el primer día, pero... Después de ese desengaño me llevé una alegría... una llamada... ¿cuánto puede alegrarnos una llamada? Pero esa llamada me condujo a otro desengaño, esta vez por parte de una persona que fue y sigue siendo muy importante para mí, y más tarde a una grandísima decepción, aunque no de la misma persona. Quienes me conozcan pueden estar pensando que lo que más me ha dolido es probablemente el primer desengaño. Al fin y al cabo, no es un secreto lo enamorado que sigo estando de la persona más importante de mi vida, con la que compartí un año de mi vida y a quien soy totalmente incapaz de olvidar. Pero no... esa dolió, pero creo que nunca nada duele tanto como que un amigo te decepcione.

Contigo yo ya estaba curado de espanto. Que eres así no es un secreto, ni para mí, ni para el resto de amigos tuyos ante los que no finges ser quien en realidad no eres. Todos sabíamos de esa parte llamémosla oscura tuya. Lo que nunca imaginé (o bueno, SÍ imaginé, pero al preguntarte me lo negaste, aunque yo seguía teniendo mis dudas pero me callé por ese momento) es que fueras capaz de no respetar lo que es importante para los que tú llamas amigos. Contigo ya estaba desengañado porque sé de qué vas y ya me lo cuentan y no me sorprende, pero que me lo hicieras a mí, sin tener en cuenta mis sentimientos, sin tener en cuenta que te pedí "Esta vez no"... Más de una vez te he escuchado decir que soy uno de tus mejores amigos... perdona, pero ya no puedo creerte. Amigo... ¿tienes idea de lo que significa esa palabra? ¿Sabes cuánto implican esas cinco letras colocadas en ese orden exacto? ¿Eres consciente de lo que implica llamar AMIGO a otra persona? Un amigo es sincero, un amigo es leal, un amigo es honesto. Ayer tuve la confirmación de que tú no has sido nada de eso conmigo. ¿Ahora qué? ¿Qué es lo próximo? ¿Qué somos tú y yo? Entiende que ya no puedo llamarte AMIGO como lo hacía hasta ayer. Ahora ya no. No puedo disfrazar de amistad las pocas ganas que tengo ahora de tenerte cerca, las casi inexistentes ganas que tengo de hablar contigo. Total, ¿para qué? Hablaré contigo y hay dos opciones: O me mientes diciéndome que todo es mentira o admitirás que es verdad y o buscarás excusas para defenderte que no tienen pies ni cabeza, o pedirás perdón sin sentirlo y tarde o temprano volverás a hacerlo. Lo siento, pero ya no. Ya no puedo. Sabes que desde ahora nada va a ser igual. Ahora no podré confiar en ti como lo hacía, no podré serte sincero y confesarte mis miedos, mis dudas, mis problemas. Sabemos que no soy de los que cuenta esas cosas, pero cuando necesito explotar... no podré hacerlo cerca de ti. A partir de ahora todo será más frío. Si salimos saldremos, pero no va a ser como antes. Y a nadie le duele más que a mí.

Hace unos meses perdí al amor de mi vida. Ayer perdí un amigo. ¿Qué es lo próximo que perderé?